Málaga recuperará las bicis públicas tras el ‘pinchazo’ privado (y serán eléctricas)

Escrito el 25/08/2026
Luis Vertedor. Málaga

La ciudad rescata un servicio que llegó a tener 50.000 usuarios, pasó a manos de operadores y acabó liquidando el año pasado. Es la única urbe española de gran tamaño sin este sistema

Los ficus de la Alameda Principal llevan cerca de un siglo y medio viendo pasar la ciudad de Málaga. Llegaron con una gran reforma a finales del siglo XIX, cuando se decidió dotar de aire solemne al paseo en el que la burguesía malacitana tenía sus palacetes. Desde entonces, la Alameda ha tenido que aprender a convivir con una realidad cada vez más heterogénea. Viajeros de autobús, turistas que arrastran sus trolleys, patinetes, usuarios del metro, ciclistas. Todos tienen su sitio, aunque no siempre está claro cuál es. El problema se agravó cuando, poco antes de la pandemia, se trazó sobre la acera norte un carril bici que, para no herir la estética señorial, se quiso hacer casi invisible colocando pegatinas que había que reponer. La confusión fue inevitable. En enero de 2025 se pintó de rojo. El color lo hizo más visible, pero no solucionó la complicada convivencia entre usuarios en esta arteria tan emblemática del Centro.

La movilidad sobre dos ruedas tampoco ha terminado de encontrar su lugar más allá de esta avenida. Málaga es la única gran ciudad española sin un sistema público de alquiler de bicicletas, después de que en 2021 se liquidase una flota que se había quedado obsoleta, perdiendo su atractivo. En la Casona del Parque, sede del Ayuntamiento, se ha vuelto a poner en marcha la maquinaria para recuperar este servicio: esta vez, con una red de bicicletas eléctricas en lugar de aquellas a pedales que funcionaron durante casi una década. El proyecto costará más de 33 millones de euros en diez años, arrancará con 1.000 unidades y 100 estaciones, y podrá duplicar después esas cifras.

Luis Vertedor. Málaga

La vuelta a la gestión pública llega después de un último intento con empresas privadas al que también se dio carpetazo. El cambio no estuvo exento de polémica: frente a los aproximadamente 50 céntimos por la primera hora del antiguo MálagaBici, las tarifas de la primera operadora privada llegaron a situarse inicialmente en torno a los 17,40 euros por una hora de uso, una diferencia que enardeció los ánimos. A comienzos de 2025, el Consistorio anunció el cese inmediato de la actividad de todas las compañías que operaban en la capital alquilando bicicletas y patinetes eléctricos, alegando incumplimientos de las condiciones de sus permisos.

El alcalde, Francisco de la Torre, justificó el giro alegando que seis de las siete compañías habían vulnerado los términos acordados. “La proliferación de este servicio en las ciudades, no sólo la nuestra, genera molestias que debemos atajar”, aseguró. En aquel mismo Pleno se anunció también la extinción de las 25 licencias de coches de caballos que aún paseaban turistas por el Centro Histórico, partiendo desde el Paseo del Parque, una decisión que el regidor defendió “pensando en el bienestar de los animales y en la imagen que la ciudad ofrece al mundo”. También los tuk-tuks, todavía con una presencia reducida en las calles, se han revisado en los últimos meses, aclarando que deberán estar geolocalizados durante sus rutas turísticas, evitando que puedan actuar como taxis encubiertos.

Pero para entender este regreso de las dos ruedas, que será gestionado por la empresa municipal de transportes apoyada en una adjudicataria aún por conocer, hay que remontarse a la historia de MálagaBici. La iniciativa echó a andar en 2012 y llegó a alcanzar los 50.000 usuarios dados de alta, pero fue perdiendo fuelle hasta quedarse, cuando terminó en noviembre de 2021, con poco más de 2.000 usuarios activos y unos 200 movimientos diarios. Las bicicletas y la tecnología habían quedado obsoletas y su propia configuración —dependiente de estaciones fijas, con una red geográficamente limitada y un sistema de alta y renovación poco ágil— acabó dándole la puntilla.

Michael Mcloughlin

La nueva apuesta busca ser más amigable también con el bolsillo. El Consistorio plantea un abono mensual de 10 euros y uno anual de 40, a los que se añadirá una tarifa por el tiempo de uso. Una fórmula pensada para que quienes empleen estos vehículos con frecuencia puedan beneficiarse del abono y pagar después sólo por los trayectos que realicen. Es un intento de empezar de nuevo por tercera vez, pero con la experiencia de dos modelos anteriores a las espaldas. El MálagaBici original, que se quedó viejo y el proyecto de los operadores privados que terminó generando más quebraderos de cabeza de los que debía resolver.

La infraestructura ciclista sigue teniendo, en cualquier caso, muchos déficits en la capital malagueña. Es una paradoja para una ciudad que quiso organizar la Expo 2027 haciendo de la movilidad sostenible una de las banderas de su candidatura, que finalmente se llevó Belgrado (Serbia). La red ciclista ha crecido en los últimos años hasta alcanzar los 60 kilómetros, aunque todavía no ha conseguido vertebrar el municipio ni convertir este medio de transporte en una alternativa cotidiana. Los propios datos municipales, obtenidos mediante tecnología Big Data, son elocuentes: apenas el 1% de los desplazamientos urbanos se realizan en bicicleta, pese a que existen también 63 kilómetros de vías limitadas a 30 km/h en las que tienen preferencia. La bici pública volverá así a Málaga. Queda por ver si esta vez encuentra su sitio definitivamente.