Madrid imita la Feria de Abril desde la caricatura

Escrito el 15/02/2026
Rubén Amón

El proyecto megalómano que aterriza en el foro a caballo de mayo y de junio, Madrilucía, se resiente de la impostura, la vacuidad y la promesa del "networking"

Creía que era una broma. Me refiero a la iniciativa de transplantar en Madrid la Feria de Abril de Sevilla como si fuera un parque temático y un artificio turístico sin raigambre ni misterio. Y no es una broma. Ni siquiera el neologismo que arropa la ocurrencia: Madrilucía. Lo descubrí leyendo un estupendo artículo del colega Madueño en El Mundo que definía a Madrid como "ciudad de aberraciones" —un guiño al eslogan turístico de Marina D'Or— y que resumía sin piedad y con acierto el despropósito de la iniciativa:

"La Feria de Abril es una cosa rarísima que se da en un lugar muy concreto donde sus vecinos colocan la vida social en un escaparate y ejercen de anfitriones. Nueva Feria de Abril es una cosa rarísima que se da en un lugar muy concreto donde sus vecinos quieren huir lo más lejos posible del proyecto".

En efecto, La Nueva Feria de Abril de Madrid no surge de una pulsión popular, sino de una diapositiva y de un plan de negocio. La operación consiste en trasladar una fiesta imposible de exportar a un recinto pensado para festivales de cerveza tibia y pulsera obligatoria. Todo en el proyecto se resiente de un mimetismo caricaturesco que provoca recelo, más que nadie, a los propios andaluces del foro.

El escenario "en plano" es impecable —las casetas, el albero, el trajín de monturas, el vestuario...—, pero se parece demasiado al decorado de un rodaje, sin olvidar que la esencia de la Feria genuina radica en la idiosincrasia de los habitantes y sus costumbres. No puede reproducirse el misterio ni el hedonismo —ni el clasismo— con una reconstrucción artificial que se instala durante casi un mes, del 9 de mayo al 7 de junio de 2026, en el recinto Iberdrola Music de Villaverde, a semejanza de una impostura de faralaes.

El Confidencial

Madrid tiene un problema con la repercusión y credibilidad de las fiestas propias. Las de San Isidro no cuajan en el tejido social ni sobrepasan el umbral voluntarista. La capital no se detiene, ni se abandona. ¿Hay que importar otras fiestas para resolver el problema? ¿Por qué no la Oktober Fest o El Palio de Siena? No. La mejor manera de disfrutar la Feria de Abril es llegarse a Sevilla. No está tan lejos, pese a la cronificación de la crisis ferroviaria.

Se habla mucho de dinamización, de turismo, de proyección internacional y hasta de networking (lo he escuchado en la publicidad). Palabras grandes para tapar una idea pequeña, esa de convertir una tradición ajena en un producto local. Y cobrarla bien. Porque aquí aparece el verdadero nervio del asunto. La Feria de Abril sevillana se sostiene en una economía informal de afectos, de intercambios, de pertenencia. La versión madrileña se sostiene en soluciones crematístico-imitativas. Parece la Feria, pero no es la Feria ni puede serlo, menos aún cuando la vitalidad de la versión original contradice el interés y la necesidad de cualquier franquicia periférica.

Aarón Espí

La Nueva Feria de Abril no convoca a una ciudad, sino a un tipo de consumidor. El nuevo madrileño que quiere sentir algo intenso sin complicarse la vida. Andaluz por la noche, europeo al amanecer, cosmopolita al subir la foto. La identidad entendida como disfraz temporal. La cultura como atrezzo.

Todo está pensado para que funcione. Y precisamente por eso no funciona. Porque lo que hace singular a la Feria de Abril es su extrañeza irrepetible. Su desorden. Su resistencia a ser explicada. Sus caminos de integración y discriminación. Aquí no hay misterio ni riesgo. Solo una sucesión de estímulos cuidadosamente programados para fingir el sevillaneo.

Lo desconcertante no es que se copie una fiesta. Es que se haga con orgullo y opulencia. Que se presente como logro cívico. Que se confunda crecimiento con acumulación de eventos. Madrid no necesitaba una Feria de Abril propia para afirmarse. Pero quizá sí para confirmar su mayor debilidad: la facilidad con que se entrega al primer vendedor de identidad que promete éxito inmediato.

El Confidencial

La Feria de Abril es rara, escribía Madueño. Incómoda. Local hasta el exceso. Por eso tiene sentido. La versión madrileña también es rara, pero de otro modo: rara como un decorado sin memoria, rara como una postal enviada desde un sitio donde nadie vive.