El Gobierno intensifica sus contactos con los nacionalistas vascos para aplacar su exigencia de elecciones anticipadas y el presidente habla ya de Presupuestos en 2027 para proyectar continuidad en mitad de un terremoto judicial con el que pretende establecer un cortafuegos: "Ni lo sabía, ni lo avalé, ni lo hubiera tolerado. Mi Gobierno es un Gobierno limpio"
La trama amparada por Cerdán intentó influir en más de una decena de causas judiciales
Ni supo, ni mucho menos avaló “las andanzas” de Leire Díez. Tras nueve días sin contestar preguntas sobre el terremoto judicial que sacude al Partido Socialista, Pedro Sánchez decidió atender este viernes a los medios de comunicación en la cumbre europea de Montenegro para salir al paso de una hipótesis deslizada en los informes de la UCO y que había empezado a monopolizar el debate público en España desde que se conoció el sumario del caso.
“Nunca he conocido, ni nunca se me ha informado de las andanzas de la señora Leire Díez. Que los ciudadanos no tengan ninguna duda. Y no se me informó porque, si me las hubieran dicho, no las hubiera tolerado”, dijo el presidente del Gobierno para intentar zanjar la teoría de que era él quien realmente orquestaba la trama investigada en la Audiencia Nacional.
En esa misma comparecencia ante la prensa, Sánchez trasladó su “decepción, preocupación e indignación” por el cariz y la gravedad de los hechos investigados, sobre los que en ningún momento quiso extender la sombra de sospecha de una campaña judicial orquestada, como sí han apuntado en las últimas semanas varios de sus ministros y dirigentes del partido. En realidad, esa declaración pública para dar las explicaciones pendientes sobre el escándalo que azota a su partido fue decidida en el último momento por el presidente del Gobierno y su equipo, que habían apostado desde el estallido del caso por pasar de puntillas sobre un asunto que también han querido enmarcar en los “comportamientos individuales” de unos cuantos “farsantes, resentidos y oportunistas”.
Ese argumentario, reciclado de los escándalos de José Luis Ábalos, Koldo García o Santos Cerdán, envejeció pronto y mal en las últimas horas. Porque la investigación apunta a que la mancha de aceite del 'caso Leire' se extendió mucho más allá de los tentáculos de Cerdán y estaba lejos de resultar una relación encapsulada. Así, la UCO sostiene que la denominada 'fontanera' de Ferraz no solo cobraba del Partido Socialista y se servía de su logística para desarrollar su presunta actividad delictiva, sino que tuvo contacto con otros dirigentes del PSOE e incluso con altos representantes de algunas instituciones del estado.
El ejemplo más claro es el de la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, a quien el presidente aún mantiene, al menos formalmente, su apoyo. “Desde el Ministerio del Interior se ha manifestado la confianza en su honestidad. Solamente puedo apoyar esas declaraciones y trasladar esa confianza”, se limitó a contestar. Después de que el propio ministerio del Interior lo negara, el departamento de Grande-Marlaska admite ahora las tres reuniones de González con Díez que acredita el sumario. Y admite también que la última de ellas fue para pedirle ayuda sobre un comandante implicado en el 'caso Koldo'. Lo que niega Interior es que la directora de la Guardia Civil aceptara “interferir jamás en ninguna investigación”.
Con el agua al cuello ante el terremoto judicial de las últimas semanas, lo que muchos socialistas demandaban en privado a su partido y a su Gobierno es que saliera a dar explicaciones para sofocar, en la medida de lo posible, una crisis de primer nivel. Tras las últimas novedades del caso, nadie creía que fuera viable guardar silencio hasta la comparecencia del presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados prevista para el 24 de junio. La conclusión más extendida era que se requería un mensaje urgente y contundente para defender la reputación de las siglas, ahora gravemente herida, y desechar la idea que intenta apuntalar la oposición de una corrupción sistémica en Ferraz. Justo el extintor de incendios que sacó Sánchez este viernes.
“No voy a permitir que las corruptelas de unos pocos y el ruido interesado de una oposición marrullera empañen la acción de un Gobierno que mejora la vida de la gente y que es referente fuera de nuestras fronteras. Mi Gobierno es un Gobierno limpio y mi partido es un partido íntegro”, reivindicó el presidente, que dejó la puerta abierta a decisiones que pueda adoptar en el futuro para la depuración de más responsabilidades. ,
Acercamiento al PNV
Ese nuevo cortafuegos establecido respecto a las conductas de Santos Cerdán o Leire Díez se suma ahora a la otra gran baza del presidente del Gobierno para mantener a flote una legislatura amenazada por las incontables vías de agua: el portazo a Alberto Núñez Feijóo de formaciones como Junts o PNV, refrendado justo esta semana cuando, al igual que otras tantas veces, un tropiezo no forzado del líder de la oposición regaló algo de aliento a un Ejecutivo acorralado.
Fue muy celebrada en la Moncloa, por ejemplo, la respuesta del dirigente de Junts, Jordi Turull, a la mano tendida de Feijóo para sacar a Pedro Sánchez de la Moncloa. “Él sabe que las reuniones con la máxima dirección se hacen en Waterloo, ya saben cómo funciona”, le dijo Turull al líder del PP para invitarlo a ir a reunirse con Carles Puigdemont, a quien ha definido durante toda la legislatura como un “golpista” y un “prófugo”.
También intentaron pescar los populares en las aguas del Partido Nacionalista Vasco, que en las últimas semanas había endurecido el tono contra el Partido Socialista y había llegado a reclamar elecciones anticipadas para este año 2026. Pero la respuesta que recibió Feijóo también fue el portazo. “Si ni siquiera he hablado con él, puede pensar usted qué opinión puedo tener”, respondió Aitor Esteban a la pregunta de un periodista sobre la moción de censura. Para remachar, el presidente del PNV enumeró los agravios que hacen inviable su entendimiento con el PP, sin siquiera entrar a la incompatibilidad manifiesta con Vox. “El PP es un partido que no ha querido el euskera en Europa, que ha defendido en el Senado que no se hagan las transferencias pendientes del Estatuto de 1979, que se ha opuesto con uñas y dientes a la selección de pelota vasca y que ha dicho verdaderas burradas del palacio de Avenue Marceau”, el histórico edificio recuperado por el PNV en París.
Después de que el propio Aitor Esteban elevara el tono de sus reproches públicos contra el Gobierno, desde el Partido Socialista y el entorno del presidente se han intensificado los contactos para recomponer una interlocución magullada con los nacionalistas vascos. Es desde hace algún tiempo Antonio Hernando, dirigente en Ferraz y 'número dos' de Óscar López en el Ministerio de Transformación Digital, el nexo entre el Palacio de la Moncloa y Sabin Etxea. Y el hombre que en las últimas semanas se ha afanado en dispensar a Esteban el trato que el líder del PNV demandaba.
Intranquilos por los azares de una legislatura ahora cortocircuita por los casos de presunta corrupción del PSOE, reclaman los nacionalistas vascos desde hace meses desbloquear la agenda de transferencias pendientes o mejorar la colaboración parlamentaria en el Congreso de los Diputados para tener más información de la agenda legislativa del Gobierno, sobre la que reprochan que les obliguen “a ir a ciegas” a los Plenos. Y dos aspectos más: el impulso a un debate parlamentario sobre los Presupuestos Generales del Estado que no se ha dado en todo el mandato y que bajo ningún concepto las elecciones generales coincidan con las municipales de mayo de 2027. Justo los dos temas sobre los que Pedro Sánchez ofreció esta semana garantías públicas.
“Puedo garantizar por activa y por pasiva que no va a haber un superdomingo electoral. Hay un debate que se tiene que sustanciar, que es el de los alcaldes y alcaldesas candidatos a las alcaldías, también a las presidencias autonómicas que concurran en esos comicios del próximo mes de mayo. Lo que sí que les puedo garantizar a los españoles y a todos los partidos políticos es que desde luego no va a haber un superdomingo electoral”, dijo este viernes, en plena consonancia con la exigencia del PNV de que el debate político estatal no monopolice una cita con las urnas en la que se juegan gran parte de su poder institucional.
El presidente también anunció que en 2027 sí habrá, al menos, un proyecto de Presupuestos Generales del Estado que verá la luz en el Consejo de Ministros y que será tramitado y debatido en el parlamento. Sin cuentas durante toda la legislatura, Sánchez traslada ahora el impulso a esos Presupuestos justo para un año que será eminentemente electoral, con la ya mencionada cita de municipales y autonómicas y a la espera de que sean fijadas las generales. Un contexto de competición política a cara de perro que, con toda probabilidad, hará inviable el acuerdo necesario para sacar adelante unas cuentas que, en caso de decaer, servirían como excusa perfecta para la disolución de las Cortes. Y que, de paso, le permiten ya a Pedro Sánchez proyectar su mandato hacia 2027 mientras sus rivales lidian con el ansia de unas elecciones inmediatas y sus compañeros de filas con la incertidumbre de cómo sobrevivir a las siguientes 24 horas.
