El PP recupera su estrategia de ridiculizar el cambio climático: "Mandan un claro mensaje negacionista"

Escrito el 05/06/2026
Raúl Rejón

Burlarse de los activistas, las políticas verdes o los efectos de la crisis climática es una fórmula aplicada por la derecha y la ultraderecha para retardar las acciones que la ciencia considera necesarias para combatir el calentamiento global

Pediatras y profesores responden al consejero de Ayuso: “Con este calor no hay manera de dar clase”

La burla es un esparcidor de negacionismo climático utilizado desde hace tiempo por la derecha y la ultraderecha. Este jueves, un consejero del Gobierno madrileño de Isabel Díaz Ayuso (PP) se mofaba de que haga un calor severo en las aulas de los colegios. “Cuando hace calor, hace calor”, espetaba Mariano de Paco. Y se vanagloriaba de las medidas que él mismo toma con su hija: “Ponerle una camiseta de manga corta y un pantalón corto como hemos hecho toda la vida”.

Burlarse de las consecuencias del cambio climático, ridiculizar a quienes trabajan o preocupan por el calentamiento global del planeta o hacer chistes contra las políticas ambientales son un mecanismo de la nueva generación de negacionistas climáticos, según han acreditado los estudios científicos sobre este asunto.

El politólogo de la universidad neozelandesa de Waikato, Olli Hellmann, ha mostrado cómo el “humor de la ultraderecha extiende el negacionismo climático”, mediante “ataques satíricos centrados, sobre todo, en mensajeros de la acción climática, es decir, los políticos, científicos y activistas, más que en los científicos o la evidencia científica”.

“Ese tipo de declaraciones —muy tristes y preocupantes— responden totalmente a un posicionamiento negacionista climático total”, cuenta a elDiario.es el catedrático emérito de la Universidad Politécnica de Barcelona, José María Baldasano. Este ingeniero, que ha escrito una historia del negacionismo, considera que lo ocurrido en la Asamblea de Madrid implica además “un posicionamiento político de desentendimiento de la gestión pública. Ambas cosas van unidas y reflejan el posicionamiento real del PP con respecto a la gravedad acelerada del calentamiento global”.

Porque los chistes y ocurrencias a la hora de abordar la crisis climática parece consustancial al PP. Desde que el expresidente Mariano Rajoy dijera que si “su primo” le había confesado que no era capaz de predecir “el tiempo en Sevilla”, cómo para saber qué iba a ocurrir con el clima, hasta su predecesor José María Aznar cuando quiso ridiculizar a los activistas llamándolos “abanderados del apocalipsis climático”.

Y no se trata solo del Partido Popular del pasado. El PP de Madrid de Isabel Díaz Ayuso se ha revelado digno sucesor de estas posturas. Su secretario general, Alfonso Serrano, se mofó de las alertas por altas temperaturas al escribir públicamente: “Ahora se llama emergencia climática a que en julio haga calor en Madrid”.

Su jefa, la presidenta regional Díaz Ayuso colocó el listón al anunciar como medida contra las islas de calor de las ciudades regalar una planta a cada madrileño para que la colocara en el balcón. La medida, calificada de “frívola y sin evidencia científica” por los expertos, fue aireada en televisión durante una campaña electoral, pero, además, luego no la ha cumplido.

Las palabras del consejero de Cultura Mariano de Paco se han hecho famosas, pero solo unos días antes, su compañera en el Ejecutivo madrileño, la consejera de Educación, Mercedes Zarzalejo, contestó ante las incidencias por alta temperatura en los centros de su competencia y las quejas que “cuando hace calor, hace calor” y añadió que había invertido 18 millones en climatización.

Palabras así “tienen un posicionamiento ideológico muy definido”, subraya el catedrático Baldasano. “Estas declaraciones hechas en tono jocoso, no de forma explícita, pero sí implícita, con orientación irónica, tienen un claro patrón negacionista, que intenta ridiculizar los efectos del cambio climático, para —de esta forma– no asumir sus responsabilidades de gobierno. Como añadido, mandan a la opinión pública un claro mensaje negacionista”.

El trabajo del politólogo Olli Hellmann en la universidad neozelandesa aplicó la denominada Teoría general de humor verbal que mostró una “asociación estadística fuerte entre los objetivos satíricos y las técnicas negacionistas”.

El paper ponía un ejemplo: el titular “Los expertos aconsejan responder a las olas de calor quedándose en casa y pagando más impuestos al Gobierno” en el que se combinaron la ridiculización y un eslogan político como el de los impuestos.

El consejero de Cultura De Paco también unió la burla con un ataque político que nada tiene que ver con la situación como ha sido exclamar que desde la oposición “apoyan a los países sin libertad de vestimenta” cuando habló de cómo vestía a su hija.

Esta indagación también descubrió que la burla negacionista “más que generar su propio flujo de contenido” se pega a la actualidad, es decir, “está íntimamente ligada al ciclo informativo”. Casa con la mofa del consejero De Paco que ha hablado ante la superposición de noticias de padres, madres y profesores reclamando acciones en sus centros de trabajo.

La sátira para ridiculizar a activistas –como los ataques de Donald Trump a Greta Thunberg–, la ironía sobre las consecuencias del cambio climático –como los chistes de Alfonso Serrano sobre el calor– o las frases de mofa como “cuando hace calor, hace calor” alientan el nuevo negacionismo que no discute los datos del efecto invernadero, pero minusvalora la necesidad de hacer algo.

Y esa posición retarda las medidas apuntadas por los científicos como necesarias para combatir la crisis climática: desde el abandono de los combustibles fósiles, a la reducción de la dieta cárnica o la generación de un urbanismo que contrarreste la subida de temperaturas exacerbada por las islas de calor generadas a base de plazas duras, asfalto y hormigón por doquier y pérdida de verde.