No dudo de que Pedro Sánchez habrá pasado sus últimos días en La Mareta farmeando aura. A fin de cuentas lo de recomendar libros no leídos y playlist se está quedando viejo y al presi le gusta estar siempre a la última en materia de poses. Además es lo suyo: si farmear aura es tener presencia, ser el más cool, el más chulo, pues eso le viene como anillo al dedo y aunque el six-seven se lo pisó el Papa siempre le queda el mewing, ese gestaco de pasarse el dedo por la mandíbula para remarcar el empaque y la chulería.
Le va a hacer falta el aura, porque no hay relato ni carisma que levante la inacción, la chapuza y el descrédito en el que se ha sumido con la no gestión de la crisis más grave sufrida por nuestro país desde el 23-F. Y eso que hizo una cosa bien: afirmar que la entrada del equivalente a un Cuerpo de Ejército de civiles en Ceuta era un ataque a la integridad territorial y una vulneración de nuestra soberanía.
Lo que tiene menos explicación es que habiendo sido capaz de hacer el diagnóstico preciso desde el principio no haya hecho absolutamente nada por responder a tan grave circunstancia. Si detectas un ataque híbrido contra tus fronteras, lo menos es que sepas de quién procede y lo más que le plantes cara. Ni una cosa ni la otra.
Los marroquíes, sin embargo, no han parado desde el primer día de fabricar su propio relato falsario y convertirlo en una serie de patadas en las gónadas a España y su Gobierno, una vez comprobado que no tendrían ninguna consecuencia.
Para empezar, además de la absurda polémica sobre si se dieron cuenta o no de lo que pasaba y si lo pararon, usaron las redes sociales y los medios de comunicación marroquíes que controlan para no sólo imponer su relato, sino para llevar a cabo una campaña bestial de reivindicación de la marroquinidad de Ceuta y Melilla.
Miren que las han reivindicado desde su origen como país en 1956, pero nunca con la intensidad, el descaro y la fortaleza con la que lo han hecho coincidiendo con la invasión consentida de civiles. Desde influencers paseando en moto de agua alrededor de los peñones «marroquíes» a cuentas que pretendían que el dominio Omeya sobre la península fue en realidad un dominio marroquí. Así que todos los españoles tenemos mezcla marroquí, la Giralda es una copia de una torre de Rabat y La Alhambra les es debida. Chorradas, dirán. Agitación de las masas para explotar el éxito, más bien.
Todo eso hubiera podido quedar en una anécdota de agitprop si no hubieran entrado en liza las declaraciones de miembros del Gobierno marroquí. Su ministro de Justicia, por ejemplo, a las que no ha respondido nadie aún desde nuestro Gobierno. Cuando el fango les viene de según que lado, no parece molestarles. Abdellatif Ouahbi concedía estos días una entrevista a la cadena Al Arabiya con afirmaciones bien duras, incluso si lo que están haciendo los marroquíes es farmear su propia aura. De llamar a su embajadora ni hablamos, claro. «Por supuesto, estamos siguiendo el asunto en su conjunto –dice cuando le preguntan por los vídeos en los que los que pasaron la frontera afirman que se hizo la vista gorda en Marruecos–. Yo me encontraba allí cuando ocurrió. Estaba en el norte y vi a muchos jóvenes, niños y adolescentes dirigirse hacia Ceuta».
Pensarán que está confesando que no hicieron nada. Lo está haciendo. Pero poco conocen a los capitostes del régimen alauita si se sorprenden con el motivo que da en su descargo: «Si hubiéramos entrado en confrontación directa con ellos habríamos podido provocar muchas víctimas. Por eso gestionamos la crisis con inteligencia, serenidad y responsabilidad», y se queda tan ancho. Ahí es cuando llegan Albares, Elma y el resto a palmear la espalda al socio leal que insiste en que los muertos son cosa de España.
Esperen, que aún llega más allá la desfachatez. O sea, en jeta ganan a todo el Gobierno de Sánchez reunido en Consejo de Ministros. Ouahbi sigue diciendo que «algunos jóvenes nos decían: quiero entrar en Ceuta porque Ceuta es marroquí. ¿Cómo podía impedirles que pensaran así?». Llega a más, hablando de no poder frenar lo que es un derecho constitucional a moverse por el territorio de Marruecos. ¿Alguna vez se había llegado a este grado de insolencia por parte del socio leal?
La campaña sobre la soberanía de las ciudades españolas no es banal, sino que es medular. Les diría incluso que es el meollo de la cuestión desde el principio. Por eso la invasión fue un gesto de guerra híbrida y por eso la respuesta supuestamente humanitaria del Gobierno y sus asociados es totalmente improcedente.
El ministro marroquí pone la guinda y desestima que una solución policial vaya a bastar: «La única solución duradera pasa por alcanzar un acuerdo con España, adoptar decisiones definitivas y establecer procedimientos permanentes». Y sí, está hablando de negociar cuestiones relativas a la soberanía española y no, nadie desde el Gobierno español ha dicho ni media palabra en respuesta.
No queda ahí la cosa. Veamos la web oficial de Defense Atlas, un think-tank que en la práctica, funciona bajo la dinámica de lo que en inteligencia se conoce como «guerra híbrida informativa» y que no es sino una herramienta cuyas revelaciones se alinean estratégicamente con la agenda de defensa de Marruecos, sirviendo para presionar diplomáticamente a Argelia y justificar los movimientos del reino alauí ante aliados externos como España o Estados Unidos. El domingo se descolgó con el siguiente mensaje: «Urgente. Ceuta. Las estimaciones militares y los análisis de seguridad indican que el ejército español no será capaz de detener cualquier movimiento militar marroquí hacia las ciudades ocupadas. El Ejército marroquí es capaz de desplegarse rápidamente dentro de Ceuta de manera sorprendente, rápida y aplastante, y utilizará para ello capacidades avanzadas en la guerra electrónica y tácticas de búsqueda y enfrentamiento efectivo contra las fuerzas hostiles, junto con planes de campo para la protección de los civiles».
La amenaza no queda ahí. El mismo Defense Atlas ha publicado un vídeo en el que bajo el lema: «No hay moros en la costa. ¿Están seguros?» Escrito en español, a continuación se ven imágenes de submarinos, buzos y buzos propulsados por ingenios que desembarcan en un territorio. Es una amenaza directa. Pura guerra híbrida psicológica. Tampoco nadie responderá.
No hagamos nada. Son cosas que pasan, sin más. Aliados leales con los que no precisas de enemigos. Lo malo es que nos ha tocado lidiar con ello en manos del Gobierno más ineficaz de la democracia o precisamente por eso nos vemos abocados a lidiar con ello.
