Samantha Costantini: «Mi universo podríamos definirlo en tres palabras: fantasía, utopía y camp»

Escrito el 25/08/2026
Amor Martínez

Hablamos con la creadora de contenido sobre su trabajo en redes, su moda y su mundo de color rosa

Las normas y estereotipos están para romperlos. Y, si no, que se lo digan a Samantha Costantini. Esta diseñadora y creativa de moda ha cautivado a millones de personas con su particular universo rosa y sus estilismos. Su andadura en redes comenzó cuando terminó Diseño de Moda. «Me fascinaba analizar desfiles y eventos como la Met Gala, porque eran momentos en los que la moda salía completamente de lo cotidiano y se convertía en fantasía, espectáculo y una forma de contar historias. Al final, las redes se convirtieron en el lugar perfecto para unir todo lo que había estudiado con esa pasión por la moda más creativa, exagerada y especial», confiesa.

¿Cómo definirías tu universo?

Podríamos resumirlo en tres palabras: fantasía, utopía y camp.

¿Quién te inspira en moda?

A veces no nace de una prenda, sino de un objeto o de una sensación. Puede ser el zapato de una muñeca y obsesionarme con encontrar unos parecidos para mí, o la textura de silicona de la funda de un móvil y pensar inmediatamente que me encantaría llevar un chubasquero con ese mismo acabado. Mi cabeza funciona haciendo ese tipo de asociaciones constantemente. Obviamente, también tengo referentes muy claros dentro de la moda. Me fascina el John Galliano de Dior en los años 2000 por su capacidad para construir fantasías; el Schiaparelli actual de Daniel Roseberry, por su manera de reinterpretar el surrealismo; y todo el trabajo de experimentación textil de Iris van Herpen. Pero igual de inspirador puede parecerme el look un poco kitsch de una señora mayor tomando el aperitivo. Al final, cualquier detalle puede convertirse en el punto de partida de una idea.

¿Qué significa el rosa para ti?

El rosa siempre ha estado rodeado de prejuicios. Durante mucho tiempo se ha asociado a la superficialidad, la ingenuidad o la frivolidad, precisamente porque era un color vinculado a lo femenino. Siempre me ha parecido curioso que un color pudiera generar tantos juicios. Por eso me gusta reapropiarme de él. Para mí ,el rosa representa seguridad y la libertad de no sentir la necesidad de endurecerte para que te tomen en serio.

¿Cuándo nació tu pasión por la moda y el diseño?

A los 15 años, cuando entendí que, más allá de vender ropa, las grandes casas trabajaban bajo una dirección creativa capaz de construir un universo, contar historias a través de cada colección y mantener una identidad reconocible con el paso del tiempo. Una de las primeras figuras que me obsesionó fue Coco Chanel, por cómo introdujo en el armario femenino códigos que hasta entonces estaban ligados principalmente a la vestimenta masculina. Ahí entendí que la moda no era algo superficial: podía reflejar una época, cuestionar las normas y transformar la manera en la que una persona se presenta ante el mundo.

¿Y tu vena artística?

Crecí escuchando que era la artista de la familia, sin ni saber el significado de la palabra. Me gustaba cantar, me montaba mis propias performances y representaba escenas de mis películas favoritas. Decía que quería estudiar arte dramático. Después, llegaron la fotografía y el vídeo. Me regalaron una cámara digital rosa y aquello

abrió un mundo entero para mí. Aprendí a utilizar Photoshop con nueve años, sin tutoriales, simplemente probando. También grababa historias con mis muñecas Polly Pocket: preparaba los escenarios, les ponía voces, inventaba pequeños guiones y después editaba los vídeos en Windows Movie Maker. A los once años me abrí un blog y empecé a interesarme también por la escritura, aunque, sobre todo, por la moda. Organizaba pequeñas sesiones de fotos con la ropa que tenía y con los medios que podía encontrar. Viéndolo ahora, me hace gracia porque, sin saberlo, ya estaba haciendo prácticamente lo mismo que hago hoy: imaginar un concepto, construir una estética y encontrar la manera de contarlo.

¿Cuánto hay de realidad en la Samantha que vemos en redes? ¿Hay mucha diferencia entre tu personaje y la Samantha fuera de las redes?

Mi perfil en redes es mi versión más feliz, enérgica y expresiva. Al final, cuando grabo estoy hablando de cosas que me gustan, me divierten o me hacen ilusión, así que esa energía sale de forma natural. La diferencia está en que fuera de las redes también existe una Samantha mucho más tranquila: mi plan favorito es estar en casa viendo una serie con mis gatos Alfonso y Leonardo.

¿Es complicado ser original en redes?

Ser original no me parece lo más complicado, lo difícil es conseguir que un algoritmo premie esa originalidad y que alguien se quede el tiempo suficiente para entenderla antes de deslizar. En redes todo compite por captar la atención en segundos, así que muchas veces lo diferente necesita más tiempo para conectar que aquello que ya reconocemos de inmediato. El verdadero reto está en mantener una voz propia sin terminar adaptándola tanto al algoritmo que deje de ser tuya.

¿Qué prenda nunca falta en tu armario?

Amo los zapatos con mucha plataforma plana, sobre todo si son botas.

Conformas junto a Tote Fernández una de las parejas más queridas de internet, «los reyes del divineo». ¿Os gusta que se os reconozca con esa etiqueta?

Nos parece una etiqueta muy divertida porque encaja bastante con nuestro gusto por la moda y la decoración barroca, siempre reinterpretadas a nuestra manera.

Rompéis estereotipos con vuestro universo propio y personal. ¿Os habéis sentido juzgados por vuestros looks?

Aunque para algunas personas nuestro universo pueda romper estereotipos, nunca ha sido una intención consciente. Simplemente nos gusta experimentar, divertirnos y expresarnos a través de la estética, tanto individualmente como en pareja. Creo que cualquier persona que se salga un poco de lo establecido acaba siendo juzgada. En nuestro caso, la moda es una de las formas más visibles de hacerlo. Es algo bastante habitual, pero estamos tan acostumbrados que no le damos demasiada importancia.

En mi caso, empezó mucho antes de las redes sociales. Desde la preadolescencia, cuando empecé a maquillarme los ojos o a experimentar con mi forma de vestir, siempre había alguien opinando. Lo curioso es que la moda tiene un sentido del humor muy particular: muchas veces, aquello que primero genera burlas acaba convirtiéndose en tendencia unos años después. Recuerdo que, con 14 años, me compré unas creepers de leopardo con plataforma de charol rojo que todavía conservo. En aquel momento eran «los zapatos raros», pero poco después las plataformas planas empezaron a verse por todas partes y, por supuesto, también ese animal print. Lo mismo me pasó con los pantalones de talle alto: cuando me compré los primeros, en 2011, me decían que parecían «de payaso» porque llegaban «hasta el sobaco», y hoy en día hay muchísima gente que no quiere volver al tiro bajo.

¿Os ha resultado complicado construir una relación profunda y real compartiendo en redes gran parte de vuestro día a día?

En realidad no compartimos en redes tanto de nuestro día a día y no sé si estaremos próximos a enfocarnos en esa dirección. Tardamos una media de 8-10 horas en hacer la gran parte de nuestros vídeos, ya que nos gusta que nuestro contenido tenga cierta producción y edición creativa, así que sería insostenible documentar ese día a día al menos desde nuestro lenguaje. Fuera de esto, somos bastante reservados ya que hacemos muchísimos planes de manera privada que nisiquiera se ven reflejados en Instagram Stories.

Como Gen Z, ¿consideras que las ambiciones y los planes de futuro han cambiado en tu generación?

Mi generación ha crecido comparando ese «futuro que nos prometieron» con una realidad mucho más incierta. Quizá por eso vivimos con tanta nostalgia de una época que, en realidad, nunca existió. Nos refugiamos en tendencias de hace dos décadas porque representan una idea de futuro que parecía emocionante y optimista. Me parece curioso que una generación tan orientada hacia el futuro encuentre tanto consuelo mirando hacia atrás. Creo que dice mucho de cómo imaginamos el mundo que viene y cómo nos gustaría que fuese.