El régimen de Teherán ha endurecido su discurso tras la muerte de Ali Larijani, número dos del régimen, y tras los últimos ataques de EEUU e Israel, y ha asegurado que preparan una respuesta “decisiva y disuasoria” contra el enemigo. Desde Irán insisten en que la represalia llegará “en el momento y lugar apropiados”, en un contexto de máxima tensión y sin señales de apertura diplomática.
La jornada del martes estuvo marcada por una fuerte escalada militar entre Irán, Israel y Estados Unidos, con nuevos ataques de misiles y drones iraníes contra objetivos israelíes y bases estadounidenses, mientras Israel ha intensificado sus bombardeos en territorio iraní y en el sur del Líbano contra posiciones de Hizbulá.
En el plano operativo, Israel eliminó a figuras clave del liderazgo iraní, incluido Ali Larijani, y a mandos vinculados a la milicia Basij, en un intento de debilitar la estructura del régimen. Paralelamente, el presidente Donald Trump ha endurecido su discurso, asegurando que no teme una guerra prolongada y manteniendo abierta la posibilidad de una intervención terrestre.
El conflicto está teniendo un impacto creciente en la región, con más víctimas, desplazamientos y tensión en países vecinos, además de efectos económicos globales como el aumento del precio del combustible. La situación sigue deteriorándose, sin señales claras de una desescalada inmediata.
