El Ministerio de Defensa contrató en mayo un lote de vacaciones en Marruecos destinado a personal del Ejército de Tierra que, por una coincidencia del destino, quedó situado en mitad de la mayor crisis migratoria sufrida por Ceuta en su historia, donde permanecen desplegados más de 3.000 efectivos de las Fuerzas Armadas.
LA RAZÓN se puso ayer en contacto con el departamento que dirige Margarita Robles para conocer si la gira, programada entre el 3 y el 10 de agosto –apenas cuatro días después de que más de 72.000 personas atravesaran irregularmente la frontera–, se mantuvo conforme a lo previsto o fue suspendida como consecuencia de la crisis. Defensa alega que se trata de «destinos vacacionales y culturales que se ofertan siempre». Y habla de «casualidad». El viaje fue organizado meses antes, incluido en la convocatoria del Ejército de Tierra, publicada en el Boletín Oficial del Ministerio, al que ha tenido acceso este diario.
La convocatoria contempla 30 plazas para viajar a Marruecos, entre otros destinos internacionales como Italia, Francia o Alemania, dentro de las actividades de Acción Social. Y establece un precio cerrado de 966,79 euros por persona en régimen de pensión completa. Además, la convocatoria reserva seis plazas para personal destinado en zona de operaciones.
Este tipo de viajes internacionales están dirigidos prioritariamente a militares, profesionales del Ejército de Tierra y de los Cuerpos Comunes adscritos a su Acción Social en servicio activo, aunque también pueden acceder como beneficiarios otras categorías: personal en reserva o retirado y algunos familiares. Por eso, la documentación a la que ha tenido acceso este diario no permite concluir que las 30 plazas fueran ocupadas exclusivamente por militares en activo. El BOE publicó en mayo la formalización del Acuerdo Marco de Viajes Internacionales para el año 2026 del Ejército de Tierra, donde Marruecos figura como el lote número 10 y fue adjudicado a la agencia Nautalia Viajes por una oferta de 29.181,82 euros.
El programa también estaba cerrado. Los participantes debían salir de Madrid hacia Marrakech el 3 de agosto para iniciar un recorrido de ocho días y siete noches por diferentes puntos del país. El itinerario incluía Marrakech, Ouarzazate, las gargantas del Todra, Merzouga, Fez, Meknes, Chefchaouen y Tánger. Había visitas turísticas, excursiones en vehículos 4x4, un paseo en camello por las dunas y alojamiento en un campamento del desierto. Pero ese recorrido paradisíaco adquirió después del 30 de julio una dimensión que nadie podía prever cuando fue diseñado. Para el 9 de agosto estaba programada la visita a Chefchaouen, localidad que el propio folleto del Ejército sitúa «a 100 km de Ceuta». Al día siguiente, el grupo debía desplazarse a Tánger para emprender el regreso a Madrid.
Al otro lado de la frontera, mientras tanto, sus compañeros del Ejército estaban desplegados. La entrada masiva del 30 de julio obligó a movilizar a los efectivos de la Comandancia General de Ceuta para apoyar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y atender las consecuencias de una avalancha que desbordó la capacidad ordinaria de respuesta de Ceuta.
Precisamente el 3 de agosto, la fecha fijada para el comienzo del viaje a Marrakech, efectivos militares participaron en el traslado hacia la frontera del Tarajal de centenares de migrantes localizados en diferentes puntos de la ciudad. La convocatoria establecía además que los adjudicatarios de las plazas tenían que abonar íntegramente el importe correspondiente mediante transferencia a la agencia y fijaba el 5 de junio como fecha límite para realizar el pago. También regulaba expresamente las renuncias y los gastos de cancelación: desde ningún pago si se renunciaba con más de quince días de antelación hasta el 100% del importe cuando faltaban menos de cuatro días.
La convocatoria dejaba además expresamente abierta la posibilidad de cambiar los planes. Defensa estableció que cualquiera de los viajes podía sufrir «modificaciones parciales por causas sobrevenidas» o incluso su «anulación completa» por falta de demanda «o por otros motivos». Es decir, el Ejército disponía formalmente de mecanismos para cancelar la actividad si las circunstancias posteriores a marzo así lo aconsejaban. La presión sobre los efectivos desplegados en Ceuta llegó hasta el punto de que Defensa restringió este agosto las libranzas del personal de la Comandancia General de Ceuta ante las convocatorias difundidas en redes sociales para intentar una nueva entrada masiva el día 15.
La orden obligó a mantener disponibles a los militares y dejó las libranzas extraordinarias limitadas a «casos excepcionales, debidamente justificados», además de suspender los días de asuntos propios hasta nueva orden. La instrucción, firmada por el jefe de la Comandancia, afectó a las distintas unidades desplegadas en la ciudad, entre ellas el Grupo de Regulares, la Unidad Logística y el Regimiento de Ingenieros. Y eso no fueron vacaciones.
