La amenaza de los incendios forestales se ha convertido en uno de los mayores desafíos ambientales y económicos en el mundo. El impacto de estos fenómenos no solo afecta a los ecosistemas y la biodiversidad, sino también a la población y los mercados.
Según los datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) de Copernicus los incendios en Europa están aumentando en frecuencia y severidad, con zonas de riesgo extendiéndose a regiones anteriormente consideradas seguras. Se proyecta que los incendios extremos aumenten un 14% para 2030 y un 50% para finales de siglo en Europa;
La realidad de los datos
Según los datos facilitados por el Sistema Mundial de Información sobre Incendios Forestales (GWIS), una plataforma conjunta del Programa Copernicus de la UE, la NASA y la FAO -que monitorea, analiza y visualiza incendios forestales a nivel mundial en tiempo casi real- los países más afectados por los incendios forestales en términos de superficie quemada se encuentran mayoritariamente en África.
De acuerdo con sus datos, a lo largo de 2025, los incendios forestales arrasaron casi 390 millones de hectáreas en todo el mundo (una superficie casi tan grande como la Unión Europea), de las cuales más de la mitad (casi 246 millones de hectáreas) correspondieron a África.
“África fue el mayor contribuidor, aunque también hay gran parte de emisiones procedentes de Norteamérica y Australia, con emisiones extremadamente importantes", comenta Laurence Rouil, directora del Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus,
La situación en España
En España, los grandes incendios de 2025 han supuesto un desastre ambiental, elevando las emisiones de CO₂ a niveles récord. Según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), las llamas generaron cerca de 19 millones de toneladas de CO₂, equivalente al 7% de las emisiones totales del país en 2024.
"Con los incendios del último verano, las emisiones de CO₂ en España han sido las más altas generadas por incendios de los países europeos y han contribuido en gran medida a que también este 2025 sea un año récord para todo Europa", comenta Laurence Rouil, que puntualiza que, aun así, las emisiones del continente europeo son en realidad una pequeña parte de las generadas por fuegos en el conjunto del mundo, en especial si se compara con las de África y Norteamérica.
Cambiar el enfoque
De acuerdo con un informe "From Wildfire Risk to Resilience: The Investment Case for Action" (Del riesgo de incendios forestales a la resiliencia: Argumentos de inversión para actuar), publicado en enero de este mismo año, por el Foro Económico Mundial en colaboración con PwC, hay que cambiar de manera urgente el enfoque de la lucha contra incendios. “las estrategias actuales, centradas principalmente en la extinción y la respuesta post-incendio, son insuficientes y económicamente insostenibles ante el aumento de la frecuencia e intensidad de los incendios a nivel mundial, detallan en su estudio.
Actualmente, más de la mitad del gasto relacionado con incendios forestales se destina a la extinción, mientras que solo una pequeña fracción se invierte en prevención y planificación. Sin embargo, invertir en la prevención es esencial no solo para reducir los costes a largo plazo, sino para cumplir con los objetivos europeos de neutralidad climática en 2050. Según el estudio, los enfoques proactivos y la gestión del paisaje son más rentables que la inversión exclusiva en la extinción cuando el incendio ya es incontrolable.
Argumentos Económicos y medioambientales
El informe también destaca que la era de los "megaincendios" está superando los sistemas de extinción existentes, generando pérdidas económicas y sociales cada vez mayores y asegura que la inversión preventiva genera un retorno sustancial mucho mayor al evitar pérdidas masivas en propiedades, infraestructuras y vidas humanas. De ahí que sus autores propongan crear mecanismos de financiación que permitan medir, poner precio y financiar la reducción de riesgos, integrando la inversión del sector privado, para establecer alianzas de carácter público-privado.
El estudio además pone el énfasis en la importancia de utilizar tecnología que permita contar con datos fiables para identificar zonas de alto riesgo y planificar la gestión de la vegetación, de tal manera que se puedan fomentar paisajes más heterogéneos y resistentes, por ejemplo, recurriendo a la ganadería extensiva para el control de biomasa.
También, en la COP30 de Belém, el presidente de Brasil, Lula da Silva, lanzó un llamamiento respaldado por 50 países para abandonar el modelo reactivo y enfocarse en la prevención. Iniciativas como el Mecanismo Bosques Tropicales Para Siempre buscan compensar económicamente a los países por preservar sus bosques, demostrando que la prevención es clave para la resiliencia y la creación de valor económico.
Castañas, osos y desarrollo rural
Parece haber unanimidad entre informes y expertos en que la gestión preventiva y el enfoque en resiliencia forestal son esenciales para reducir costes y cumplir objetivos climáticos. Soluciones como la gestión del paisaje, quemas controladas, infraestructuras adaptadas y colaboración público-privada permiten anticipar y evitar pérdidas masivas.
En este contexto hay que destacar proyectos que unen conservación de la biodiversidad y dinamización del medio rural, como es el caso del Proyecto “Castañas, osos y desarrollo rural”, liderado por la Fundación Oso Pardo y en el que participa la compañía energética Naturgy, que busca recuperar los castañares tradicionales en la Cordillera Cantábrica como herramienta para preservar el hábitat del oso pardo y generar oportunidades económicas en zonas rurales.
Los castañares característicos de zonas de montaña de la península ibérica y el sur de Europa y resilientes al aumento de la temperatura provocado por el cambio climático, han sufrido el abandono de su cultivo en las últimas décadas. El proyecto pretende revertir esta situación mediante la restauración y gestión sostenible de estos bosques.
