Nos colamos en los ensayos del espectáculo que acompañará la visita del Papa León XIV al Santiago Bernabéu

Escrito el 06/06/2026
Marta Menéndez

A pocos días de que el estadio Santiago Bernabéu se convierta en el escenario de uno de los acontecimientos religiosos más importantes del año, en los ensayos todavía se ultiman movimientos, posiciones y detalles que el público no verá hasta el último momento. Allí, entre coreografías, música y emoción contenida, COOL ha podido colarse en los preparativos de un evento histórico que estará presidido por el Papa León XIV y reunirá a miles de personas en Madrid. Al frente del cuerpo de baile se encuentra el albaceteño Ismael Olivas, bailarín y coreógrafo que afronta uno de los mayores desafíos de su trayectoria profesional. Una responsabilidad de enorme dimensión artística, pero también profundamente personal para alguien que reconoce estar viviendo esta experiencia como un auténtico sueño.

Cuando habla del proyecto, las palabras profesionalidad, esfuerzo y disciplina aparecen constantemente, pero hay una emoción que sobresale por encima de todas las demás: la gratitud. De hecho, el origen de esta historia no está en una gran producción ni en una compleja selección artística, sino en un mensaje que recibió cuando menos lo esperaba. «La noticia me llega con un WhatsApp del padre Toño, al que quiero muchísimo, diciéndome: ‘¿Y si bailas para el Papa?’. Yo, con lágrimas en los ojos y lleno de gratitud, le dije un rotundo sí», recuerda. Aquella propuesta, aparentemente sencilla, encerraba una oportunidad difícil de imaginar incluso para alguien acostumbrado a los escenarios. Porque no se trataba únicamente de formar parte de un gran espectáculo, sino de hacerlo en un contexto cargado de simbolismo y ante una figura que representa mucho para millones de personas en todo el mundo.

Para Ismael, este proyecto trasciende claramente la dimensión artística. La posibilidad de bailar ante el Santo Padre conecta directamente con convicciones y emociones muy personales que han acompañado su trayectoria desde hace años. «Significa sueño, porque era y es un sueño bailar para Su Santidad el Papa León XIV. Significa evolución en la danza y también en lo que es la Iglesia. Significa devoción y amor a lo que hacemos, además de nuevas formas de evangelizar», explica. Sus palabras reflejan una visión de la danza que va más allá del movimiento y la técnica. Para él, el baile es también una herramienta de comunicación capaz de transmitir valores, despertar emociones y conectar a las personas a través de un lenguaje universal que no necesita traducción. Quizá por eso afronta esta experiencia con una mezcla de ilusión, responsabilidad y respeto que resulta evidente en cada una de sus respuestas.

Quienes conocen de cerca el mundo de la danza saben que detrás de una actuación de apenas unos minutos existen meses de preparación, incontables horas de ensayo y una coordinación minuciosa de cada detalle. Sin embargo, al preguntarle por el proceso creativo de esta coreografía, Ismael no comienza hablando de pasos, posiciones o recursos escénicos. Lo hace hablando de sentimientos. «La coreografía se trabaja desde la emoción, desde el amor y desde el cariño», afirma. Esa declaración resume la filosofía que ha querido imprimir a todo el proyecto. Más allá del componente visual, el objetivo es construir una propuesta artística capaz de emocionar al público y de transmitir un mensaje reconocible para cualquier persona que la contemple.

En ese proceso creativo existe una imagen que le sirve de guía constante: la figura del Buen Pastor. «Siempre me guío por la imagen del Buen Pastor y sus ovejas. Yo, como coreógrafo, intento guiar a todos esos intérpretes por el camino del amor y, a través de ese sentimiento, juntos aunamos nuestra danza, nuestra ilusión y nuestro arte para brillar y emocionar a todos aquellos que nos acompañen en este día único». La metáfora no es casual. Al igual que un director conduce a una orquesta o un entrenador coordina a un equipo, el coreógrafo tiene la responsabilidad de conseguir que decenas de personas se muevan como una sola, compartiendo una misma intención y una misma energía. En un evento de estas dimensiones, esa tarea adquiere una complejidad aún mayor, ya que cada movimiento forma parte de una narración colectiva que debe llegar con claridad a miles de espectadores.

El mensaje que pretende transmitir el espectáculo también está perfectamente definido. En una época marcada por la velocidad, la incertidumbre y las transformaciones constantes, Ismael considera que existen valores capaces de mantenerse intactos frente al paso del tiempo. «Queremos dar un mensaje de unión y de esperanza. El mundo cambia, pero el amor sigue ahí», asegura. Esa idea se ha convertido en el eje central sobre el que gira toda la propuesta artística. No se trata únicamente de ofrecer una actuación vistosa o técnicamente impecable, sino de recordar que la cultura, la fe y el arte pueden convertirse en espacios de encuentro para personas muy diferentes entre sí. Una reflexión especialmente significativa en un evento que reunirá a asistentes procedentes de distintos lugares y contextos, unidos por una misma celebración.

Ensayo del cuerpo de baile que acompañará la visita del Papa León XIV a Madrid. (Foto: COOL)

La magnitud de esta cita convierte el proyecto en un desafío extraordinario para cualquier profesional de la danza. Actuar en el Santiago Bernabéu ya supone por sí mismo una experiencia difícil de igualar. Hacerlo además en un acontecimiento presidido por el Papa y seguido por miles de personas multiplica la responsabilidad y la exposición mediática. Sin embargo, quienes han seguido la trayectoria de Ismael Olivas saben que este reto es también el resultado lógico de años de trabajo constante. Desde Albacete ha construido una carrera basada en la formación, la disciplina y la participación en proyectos cada vez más ambiciosos, consolidándose progresivamente como una figura reconocida dentro del ámbito de la danza y la coreografía.

Ese crecimiento profesional ha sido reconocido recientemente incluso por las instituciones de su ciudad. El Ayuntamiento de Albacete quiso poner en valor su trayectoria y su proyección artística en un acto institucional que sirvió para destacar el talento de un creador que continúa llevando el nombre de la ciudad a escenarios de primer nivel. Ahora, esta nueva responsabilidad supone un paso más dentro de una carrera que parece haber encontrado un momento especialmente significativo.

Y es precisamente el significado de esta experiencia lo que más destaca cuando se le pregunta por el impacto que tendrá en su vida. «Cada trabajo que realizo cambia mi vida, tanto como bailarín como coreógrafo», explica. Sin embargo, reconoce que esta ocasión posee una dimensión diferente. «Este proyecto, sin duda, marcará un antes y un después por todo lo que significa, no solo artísticamente, sino también emocionalmente y religiosamente». La frase resume perfectamente el momento que está viviendo. Porque, aunque la repercusión profesional es indudable, hay experiencias que terminan ocupando un lugar especial por todo lo que representan a nivel personal.

Mientras la fecha se acerca y la cuenta atrás avanza inexorablemente, los ensayos continúan sucediéndose lejos de los focos. Cada detalle se revisa, cada movimiento se perfecciona y cada integrante del equipo trabaja con la conciencia de estar formando parte de algo extraordinario. Cuando llegue el momento de salir al escenario, el público verá una coreografía cuidadosamente construida para emocionar y transmitir esperanza. Lo que quizá muchos no sepan es que detrás de esos movimientos habrá también una historia de trabajo, vocación y sueños cumplidos. La historia de un albaceteño que recibió un mensaje inesperado en su teléfono móvil y que, pocos meses después, se prepara para bailar ante el Papa el próximo lunes 8 de junio, en uno de los escenarios más emblemáticos del mundo.