Los conflictos bélicos vienen siempre precedidos de acciones de sabotaje que tradicionalmente se habían centrado en dañar físicamente las principales infraestructuras de comunicación, así como interrumpir el acceso a los bienes y servicios básicos como el agua, la electricidad o el gas. Recordemos lo que ocurrió con el gasoducto Nord Stream al comienzo de la invasión rusa de Ucrania. Aunque muchos sospechamos la autoría del mismo, todavía no sabemos con certeza quién lo hizo.
En el contexto del actual conflicto del Golfo Pérsico se están evidenciando las graves vulnerabilidades de las infraestructuras críticas, especialmente de las telecomunicaciones y del acceso a internet.
Los ciberataques conjuntos de la fuerza aérea de los EE.UU. e Israel provocaron un apagón inicial casi total en Irán, reduciendo la conectividad nacional a menos del 4% de su capacidad normal. Las decisiones tomadas por las autoridades de Irán han agravado estas vulnerabilidades al imponer un intencionado apagón total de internet desde el día 28 de febrero pasado, limitando todo el acceso a sus ciudadanos. Y se hace para controlar toda la información en las redes y reducir las intrusiones externas, mientras sus proxies en el vecino Irak lanzaban ataques limitados contra las bases estadounidenses. Una acción que no solo afectó a los sistemas de comando iraníes, sino que generó disrupciones importantes en el flujo regional de los datos, reduciendo el acceso a internet en Irak, donde las milicias proiraníes operan con comunicaciones intermitentes.
Comprobamos también como la dependencia de unas infraestructuras de telecomunicaciones, que son compartidas, hace que un ataque cibernético en un país pueda propagar cierta inestabilidad a los países vecinos, revelando la fragilidad de las redes de fibra óptica y de los servidores que conectan todos los países del Golfo Pérsico.
Paralelamente, Teherán ha querido cerrar parcialmente el Estrecho de Ormuz para sus enemigos, declarando además ilegítimos los intereses económicos y tecnológicos en la región, incluyendo entre sus objetivos militares los centros de datos. Esta estrategia híbrida de Irán, una combinación de restricciones internas con amenazas externas, ha dejado a los países de la zona muy expuestos, ya que sus conexiones de telecomunicaciones dependen en gran medida de unas rutas marítimas compartidas con Irán, por lo que se están generando interrupciones de los servicios de telefonía móvil y fija para millones de usuarios.
Los ataques a las infraestructuras de telecomunicaciones en el Golfo Pérsico han destacado la vulnerabilidad de los cables submarinos, esenciales para garantizar el acceso continuado a internet. El conflicto bélico ha obligado a declarar la paralización, por causa de fuerza mayor, de proyectos como la extensión del cable submarino más largo del mundo, el 2Africa Pearls de Meta de 45.000 km., cuyo objetivo es la conectividad entre el Golfo Pérsico y otros 33 países, incluyendo Pakistán e India. Se ha detenido su despliegue en el tramo de Ormuz debido tanto a los riesgos actuales de la guerra como a los ataques hutíes en el Mar Rojo reanudados en solidaridad con Irán.
Asimismo, añadir que hoy es imposible reparar los cables submarinos existentes por el cierre de las rutas marítimas, lo que está causando una latencia masiva y caídas en el tráfico de datos hacia Irak, Kuwait, Qatar y otros países de la zona de conflicto. Esta dependencia de corredores marítimos en una zona de guerra ha convertido a las infraestructuras de telecomunicaciones en un punto estratégico de gran debilidad, donde con un simple ataque de drones o un sencillo sabotaje físico se puede aislar digitalmente a toda la región.
Irán ha dirigido ataques cinéticos y cibernéticos contra los centros de datos y los sistemas de telecomunicaciones en el Golfo Pérsico, como el ataque de un enjambre de drones que impactaron en las instalaciones de Amazon Web Services en Emiratos Árabes Unidos y en Bahréin en marzo de 2026, afectando a los servicios en la nube que sirven a los países del área. También se ha atacado a Microsoft cuya plataforma Azure permitía gestionar la operativa de la OTAN sobre 5G, así como facilitar numerosos servicios del Departamento de Defensa de los EE. UU o de instituciones financieras internacionales en la zona.
La nube atacada afecta de lleno, además, a la ambiciosa inteligencia artificial soberana de los Emiratos, de Arabia Saudí y de Qatar. Las multimillonarias inversiones de Microsoft, AWS, Google y Oracle, se estaban realizando a buen ritmo pensando que estaban operando en un entorno estable para el desarrollo de una infraestructura digital permanente. Y ya no es el caso. La realidad es que la guerra física está anulando las infraestructuras digitales. Garantizar la seguridad física se transforma en la mejor ciberseguridad, para proteger una infraestructura tecnológica en condiciones de guerra.
Estos incidentes, combinados con un aumento del 700% en los ciberataques iraníes contra Israel y sus aliados regionales, han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las cámaras de vigilancia en las redes de distribución de crudo y gas, oleoductos y gaseoductos, debido a la obsolescencia de sus sistemas de control. La guerra híbrida transforma el acceso a los servicios digitales en un importante campo de batalla directo de la geoeconomía. Los hechos y vulnerabilidades citados, subrayan la gran exposición del sector de las telecomunicaciones a las decisiones iraníes de priorizar una guerra asimétrica, donde el cierre de Ormuz y los blackouts internos limitan no solo la conectividad local, sino también la resiliencia de toda una región.
Algunos posibles proyectos alternativos como crear una infraestructura de cables terrestres vía Turquía o el desarrollo de rutas redundantes se ven ahora como prioritarios tras haber recibido ataques a la infraestructura energética y de datos en el Golfo Pérsico, lo que está generado un coste millonario tanto en las posibles reparaciones como en los seguros que deben cubrir los siniestros. Hemos visto que los ataques no son difíciles de ejecutar, especialmente para un actor estatal, dado que se puede organizar un corte simultáneo de todos los cables submarinos de un área, ya que muchos de ellos incluso ya están minados.
El conflicto actual nos está demostrando que, en un escenario de guerra moderna, internet y las telecomunicaciones no son meros servicios civiles, sino objetivos geoeconómicos prioritarios cuya fragilidad puede prolongar el aislamiento económico y operativo de los países de la zona durante meses.
La enseñanza del conflicto de Irán, nos recuerda que la mayor parte de los países están hoy conectados entre sí mediante cables submarinos, muy vulnerables a un posible sabotaje. Unos cables submarinos que proporcionan la conectividad a cada país, en internet y en la telefonía móvil. Por ejemplo, si se eliminaran todos los cables submarinos en el espacio de una o dos horas como parte de un plan coordinado, se perdería el acceso a internet y, si eso se coordinara con algún acto de sabotaje contra el reducido número de barcos de reparación de cables que existen, se produciría un efecto en cadena que significaría que probablemente no tendríamos internet durante aproximadamente dos años, porque reparar uno, dos, tres o cinco cortes de cable es posible, pero una vez que llegas a 20 o más que han ocurrido al mismo tiempo, la logística de hacerlo se vuelve extremadamente difícil, y eso es en tiempos de paz. Reparar cientos de cables marinos en circunstancias no corrientes, es simplemente imposible.
Frente a este riesgo cierto, se está desarrollando el proyecto OuterNET que tiene como promotora a la empresa tecnológica neoyorkina creada en 2015, Rivada Space Network que tiene en Múnich su mayor centro de operaciones. Un proyecto que busca cubrir cuatro objetivos, seguridad, resiliencia, latencia y soberanía digital. OuterNET es una nueva infraestructura de conexión similar a internet totalmente independiente a la terrestre, mucho menos frágil y a prueba de sabotajes. Rivada Space Network tiene el cometido de situar en la órbita terrestre baja, LEO, una constelación de 600 satélites, del tipo Optical Inter-Satellite Links (OISLs), diseñada para contar en el año 2029 con la primera red de comunicaciones global unificada, privada y ultra segura en el espacio. Un servicio enfocado en las empresas y en los gobiernos en materias críticas como la defensa, las telecomunicaciones, el tráfico marítimo o la infraestructura energética.
Los satélites estarán situados en órbitas terrestres bajas casi polares, en 24 planos orbitales cubriendo todo el planeta con una conectividad perfecta. Dichos satélites orbitarán el globo a 1050 kilómetros de altitud. Una red de 2400 enlaces entre los satélites que crean una «malla en el cielo». No se trata solo de un servicio de internet satelital convencional como Starlink, sino de una malla para fibra óptica completa en órbita. Con enlaces láser de satélite a satélite y con un procesamiento y enrutamiento avanzado a bordo. Bajo este diseño, los datos viajan seguros en el espacio de origen a destino, sin necesidad de conectarse con el internet terrestre, sin routers en tierra y sin utilizar estaciones repetidoras terrestres, hasta el punto final por lo que quedaría garantizada una mayor seguridad y resiliencia.
El sistema ofrece una cobertura global segura de polo a polo incluyendo las regiones polares, con una baja latencia, menor a la de la fibra terrestre en las distancias largas. Se reducen los vulnerables puntos de intercepción, de gran utilidad en ciberataques, por cortes de cables submarinos o fallos masivos de internet. Señalar que China no depende del internet global de la misma manera que el resto de los países. Se benefician de la red global a través de una operación de recopilación de inteligencia ya que todas sus redes desplegadas en Europa y en otros lugares, redes 5G y demás, son capaces de extraer información con el software Salt Typhoon. Un software que está presente en toda Europa y es una herramienta de recopilación de información de inteligencia muy potente y además, una vez que está en una red, es muy difícil neutralizarlo. Es más que probable que estén dispuestos a aprovechar las ventajas de disponer de esa información, para en su caso, perjudicar a sus oponentes negándoles la posibilidad de tener acceso a Internet.
En resumen, ante lo observado en la guerra con Irán, OuterNET como «internet paralelo privado en el espacio», será mucho más seguro y resiliente que las redes tradicionales, sobretodo en los usos críticos por grandes empresas y gobiernos. De gran aplicación para garantizar la conectividad a empresas de telecomunicaciones, operadores de centros de datos, grandes empresas, bancos, plataformas petrolíferas y gasísticas y, por supuesto, gobiernos.
Un proyecto que causará un gran impacto en el tablero geopolítico internacional actual en el que algunas potencias como Rusia, llevan vigilando durante años esos cables submarinos de los que tanto dependen los países. La conclusión es destacar la importancia de garantizar la seguridad de los datos de las redes, pero sobretodo la operatividad de la vía por la que circulan dichos datos.
Via magni momenti est
José Luis Moreno, economista ha sido director de Economía en la Comunidad de Madrid y en el Ayuntamiento de Madrid. Analista económico y empresarial, autor de Geoeconomia estratégica.
