¿Geles de lactacto? Investigadores españoles resuelven el problema que nadie había podido solucionar en 50 años

Escrito el 06/06/2026

Durante décadas, el lactato fue el villano del deporte de resistencia. La molécula que se acumulaba en las piernas de los corredores y los obligaba a parar. El residuo que generaba el músculo cuando el cuerpo pedía más de lo que podía dar. Ese era el relato. Y estaba equivocado.

Hoy, el lactato es el centro de una de las investigaciones más prometedoras del deporte de alto rendimiento, y detrás del avance más importante está un equipo español formado por el fisiólogo Aitor Viribay, el cocinero Dani Lasa —del restaurante Mugaritz— y el doctor en bioquímica física Juan Carlos Arboleya, del Basque Culinary Center. Los tres han conseguido lo que nadie había logrado en 50 años: fabricar un gel de lactato exógeno que el cuerpo puede absorber en cantidades suficientes para marcar la diferencia en el rendimiento.

El proyecto se llama ExoLactate y se presentó en Barcelona en un acto organizado por la revista científica Fissac bajo el nombre 89 gramos, en referencia al peso molecular del metabolito del lactato.

¿Por qué el lactato y por qué ahora?

La historia tiene un punto de inflexión en los años 80, cuando el investigador George Brooks propuso la teoría de la lactate shuttle o lanzadera del lactato. La idea era revolucionaria: esa molécula que todos odiaban no era un desecho, sino un mensajero metabólico que viajaba entre fibras musculares, alimentaba al corazón e incluso al cerebro en momentos de alta demanda. "El lactato no señala fatiga, sino que es un mensajero metabólico", explica Viribay.

El mismo Brooks demostró en los 90 que su administración exógena podía ser útil durante el ejercicio prolongado y llegó a patentar un producto llamado Polylactate en 2002. El problema es que nunca funcionó en la práctica. Equipos como el UAE de Tadej Pogacar lo intentaron mezclado con carbohidratos. Lo dejaron estar. Era incomible y las cantidades eran tan pequeñas que no generaban ningún efecto real.

La barrera técnica y cómo la rompieron

Ahí estaba el nudo que Viribay llevaba siete años intentando deshacer: "¿Cómo conseguir que el cuerpo lo admita en cantidades suficientes para generar energía?". La respuesta llegó fusionando fisicoquímica y cocina de vanguardia. Donde la ciencia sola no llegaba, llegó la gastronomía.

El resultado es un gel que puede aportar entre 20 y 25 gramos de lactato exógeno por hora en una forma palatable, absorbible y segura. Para entender la dimensión del dato: un ciclista de 60 kilogramos tiene unos 42 kilos de masa muscular. A intensidad de segundo umbral, toda esa musculatura contiene alrededor de 17-18 gramos de lactato. Con el ExoLactate, se puede doblar esa cantidad sin que el músculo tenga que producirla.

Viribay lo explica con una analogía que cualquier deportista puede entender: "Es como el aditivo AdBlue que hace más eficiente el gasoil en los motores diésel". El lactato exógeno entra en el cuerpo sin coste metabólico, adelantando pasos que normalmente llevan tiempo, como la digestión y transformación de glucosa o fructosa.

Qué cambia para el trail y el running de larga distancia

Aunque el primer campo de aplicación apunta directamente al Tour de Francia, las implicaciones para el trail running y el ultratrail son igual de significativas. En pruebas de altísima exigencia y duración, la fatiga neuromuscular es tan determinante como el agotamiento energético. "La durabilidad es una cuestión neuromuscular", apunta Viribay. "El cerebro es el máximo limitador del rendimiento. Con más combustible para el cerebro, menos estrés, más rendimiento".

El gel ya ha sido probado con ciclistas de alto nivel y fondistas de ultratrail. Está aprobado por las autoridades alimentarias y no entra en ninguna categoría de dopaje. Desde una cocina de Bilbao, la ciencia deportiva española acaba de cambiar las reglas del juego.