La tendencia se ha convertido ya en costumbre. Cada temporada, un canterano llegado desde abajo irrumpe para tomar de la mano al Real Zaragoza y liderar la misión de salvamento. El rescate recayó antaño sobre futbolistas de la tierra cuya progresión se aceleró a partir de entonces. Francés, Francho y Azón ejercieron, tras la pandemia, de salvadores de un equipo a la deriva que alcanzó la orilla al final del curso, en gran medida, gracias a la aportación de esos chicos del filial que se echaron el primer equipo a la espalda.
Luego llegaron Pau Sans o Liso para mantener esa dinámica en las siguientes temporadas, marcadas todas ellas por la agonizante situación de un Zaragoza anclado a las posiciones que condenan a luchar por la supervivencia en la categoría. Y ahora es Hugo Pinilla el señalado. De nuevo, un canterano sale al rescate del primer equipo para abanderar la esperanza en un futuro mejor que, sin embargo, nunca llega.
Pero es que, además, las circunstancias personales que envuelven la irrupción de Hugo añaden una ingente dosis de mérito a la repercusión e influencia de un futbolista que, con tan solo 19 años, encarna ese oxígeno que necesitaba el equipo para mantener sus constantes vitales. La muerte de su madre, apenas unos días antes de debutar como titular con el primer equipo en Cádiz, y la encomiable actitud del canterano a lo largo del doloroso proceso, le han encumbrado entre un zaragocismo entregado a un jugador de la tierra, de los suyos. «Illa, illa, illa, Pinilla maravilla», le dedicó el Ibercaja Estadio el sábado al ser sustituido en la segunda parte en lo que bien pudo ser una respuesta de agradecimiento a aquella frase pronunciada por Pinilla tras la victoria en Cádiz: «La vida es para los valientes», dio el zaragozano, en una sentencia lapidaria que el zaragocismo ha adoptado ya como dogma de fe.
A este chaval recién llegado al que Sellés ( no le concedió ni un solo minuto en Liga) nunca se atrevió a entregarse, se abraza ahora una afición que ha vuelto a creer, en parte, gracias a todo lo que ha transmitido Hugo a pesar de estar atravesando el momento más duro de su vida. Su personalidad y lección de vida han alimentado, asimismo, la conjura en un vestuario que le ha arropado tanto como merecía el futbolista, cuya actitud ante la desgracia ha sido decisiva para alimentar la esperanza de la plantilla.
Así se lo quiso reconocer el capitán, Francho Serrano, al final del partido ante el Almería, cuando pidió a Pini que diera un paso al frente para recibir el merecido cariño de una afición entregada tras una victoria trascendental a la que el atacante contribuyó con una gran primera parte. Pinilla, entre lágrimas, devolvió el aplauso a los aficionados.
De nuevo, el canterano, titular en los dos partidos dirigidos por David Navarro en una inteligente maniobra del cuerpo técnico tanto en el plano anímico como el propiamente futbolístico, emerge desde abajo para dar continuidad a la tendencia que ha marcado al Zaragoza en los últimos años. La cantera como forma de vida. Nobleza y valor. Bandera y orgullo.
