El desarrollo social, económico y científico ha reducido las tasas de mortalidad, especialmente entre las personas mayores. De esta forma, la esperanza de vida al nacer en España ha superado por primera vez los 84 años, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2025.
A este respecto, la longevidad va más allá de la genética. El estilo de vida influye directamente en nuestro bienestar. Además, otros factores como la contaminación o el estrés también afectan al envejecimiento. No obstante, el sueño es un hábito que suele pasar desapercibido.
En este contexto, la revista Woman ha entrevistado a la doctora Violeta Bretones, experta en epigenética y especialista en Medicina Regenerativa y de Precisión en Halo Longevity. Durante la conversación, la profesional de la salud ha destacado la importancia de tener un buen descanso.
"Si tuviera que elegir un único hábito con mayor impacto en longevidad y salud global, sería dormir bien de forma consciente. No solo dormir muchas horas, sino tener un sueño profundo, reparador y regular, idealmente entre 7 y 8 horas diarias, respetando el ritmo circadiano natural del organismo", explicó la médica.
Según Bretones, el ciclo circadiano es nuestro reloj biológico interno: "Regula funciones esenciales como la producción hormonal, la temperatura corporal, la energía, el metabolismo, la reparación celular y los mecanismos de desinflamación. Cuando este ritmo se altera de forma mantenido, el organismo pierde capacidad de regeneración y adaptación".
De esta manera, tener un sueño adecuado beneficia nuestro organismo: "El cerebro pone en marcha el sistema linfático, encargado de eliminar toxinas y residuos metabólicos acumulados durante el día". Por este motivo, dormir mal de forma crónica acelera el envejecimiento biológico.
"Altera el metabolismo, aumenta el cortisol y se relaciona con un mayor riesgo de obesidad, diabetes, metabolismo, aumenta el cortisol y se relaciona con un mayor riesgo de obesidad, diabetes, deterioro cognitivo y enfermedades cardiovasculares. Además, durante las fases profundas del sueño aumenta la producción de melatonina y hormona de crecimiento, dos sustancias esenciales para la regeneración tisular, la reparación celular y el equilibrio antioxidante del organismo", detalló la doctora.
Asimismo, tener un sueño reparador durante 7 u 8 horas diarias ayuda a reparar los tejidos y mantener la masa muscular. "Hoy sabemos que el sueño es uno de los pilares más infravalorados de la longevidad: entrenar, comer sano o suplementarse sirve de poco si el descanso está alterado o el ciclo circadiano está desregulado", sentencia la especialista.
